¿Educación o aprendizaje?

Desde pequeños escuchamos constantemente palabras como educación, enseñanza, aprendizaje o estudiar, y muchas veces las usamos como si significaran los mismo. Bueno, nosotros ya sabemos muy bien que cada palabra implica una cosa completamente distinta, ya que en teoría de la educación hemos trabajado mucho estos conceptos. Sin embargo, aunque están relacionadas, educación y aprendizaje no son conceptos iguales. De hecho, entender la diferencia entre ambos puede cambuar completamente nuestra forma de ver la escuela, la universidad e incluso la vida.

Normalmente asociamos la educación con colegios, profesores, libros, exámenes y aulas. Pensamos en horarios, asignaturas y normas. En cambio, cuando hablamos de aprender, solemos imaginar adquirir conocimientos o desarrollar habilidades nuevas. Y aunque una cosa puede llevar a la otra, no siempre ocurre así.

Porque sí, una persona puede recibir educación sin realmente aprender. Y también puede aprender muchísimo fuera de un entorno educactivo formal.

Creo que una de las mayores confusiones que existen actualmente es pensar que aprender solo puede ocurrir dentro de una clase con un profesor. Durante años se nos ha enseñado que aprender significa memorizar información, repetir contenidos y aprobar exámenes. Pero aprender es algo muchísimo más amplio y humano que esto. En la asignatura de teoría de la educación pudimos sacar en claro que educar era humanizar.

Hoy aprender forma parte de nuestra vida desde que nacemos. Aprendemos a hablar observando a otras personas, escuchando a nuestros padres o familia. Aprendemos de los errores, de las conversaciones, de problemas, de las emociones y hasta de los momentos más difíciles. Muchas veces las lecciones que aprendemos más importantes no aparecen en ningún libro.

Sin embargo, el sistema educativo tradicional ha dado durante mucho tiempo más importancia a los resultados académicos que al aprendizaje real, aunque parece que esto lo quieren cambiar con la LOMLOE. En muchos casos, el objetivo parece ser sacar buenas notas en lugar de comprender de verdad lo que estamos estudiando. Y eso provoca algo bastante contradictorio, ya que lo único que consigue es crear estudiantes que aprueban exámenes pero que luego no recuerdan nada al paso de unas semanas, y yo me incluyo en una de esas estudiantes en relación a algunas asignaturas.

Y creo, que esta es la clara prueba de que memorizar no siempre significa aprender. Hoy muchas veces estudiamos únicamente para superar una prueba, no porque realmente entendamos o conectemos con el contenido.

El verdadero aprendizaje necesita ser comprendido de verdad, es decir, tiene que haber curiosidad de interés. No basta con repetir información, es necesario interiorizarla y relacionarla con experiencias o contenidos pasados para encontrarle un sentido.

Por eso hay personas que se pasan años dentro del sistema educativo y aun así sienten que no han aprendido ciertas cosas fundamentales para la vida real. Al igual que en la carrera, recuerdo que antes de entrar en la Universidad la gente me decía que se habían sacado la carrera pero que sentían que no habían aprendido mucho.

Por ejemplo, en el colegio aprendemos matemáticas, historia o gramática, pero pocas veces nos enseñan a gestionar emociones, afrontar el fracaso, manejar el estrés o entendernos a nosotros mismos, cuando considero que es algo igual de importante que debemos enseñar.

Esto no significa que la educación formal no sea importante. Al contrario, la educación tiene un papel fundamental en el desarrollo de las personas y de la sociedad. Gracias a ella adquirimos conocimientos, pensamiento crítico y herramientas que nos van a servir de cara al futuro en muchas situaciones. El problema aparece cuando reducimos la educación únicamente a calificaciones normas y contenidos teóricos.

La educación debería ir mucho más allá de transmitir mera información. Educar también implica formar personas capaces de pensar, de reflexionar y de convivir. Un buen profesor no solo enseña una asignatura, también influye en la motivación y en la manera de ver El Mundo de sus alumnos. Seguro que todos hemos tenido un profesor que nos ha marcado para siempre, y si lo pensamos, seguro que tenía algún valor diferenciador que no tuviese que ver con cómo explicaba la materia.

Y precisamente aquí es donde aparece la gran diferencia entre educar y aprender.


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